Humberto Maturana: “Yo quiero escoger el momento en que voy a morir, no quiero ser una carga ni generar daño”

El Premio Nacional de Ciencias y la bióloga cultural Ximena Dávila publican La revolución reflexiva. El libro invita a cambiar la sociedad mediante la colaboración, promueve un futuro sustentable y sugiere que, dado el caso, las personas puedan optar por el aborto o la eutanasia.

Su primer momento reflexivo profundo lo asocia a su niñez. Al recuerdo de su madre y la tuberculosis que se contagió en 1940, a los 12 años. Entonces Humberto Maturana cumplió reposo en su casa, estuvo internado en el Hospital del Salvador y en un sanatorio en Putaendo. Se recuperó a los 17 años, a tiempo para iniciar sus estudios de Medicina en la Universidad de Chile. Hoy, además de los medios disponibles, el eminente biólogo chileno observa otra diferencia con aquella pandemia:

-Durante la tuberculosis, el país estaba más dispuesto a actuar de manera armónica, no había una lucha contra lo que había que hacer para evitar los contagios, no había una lucha contra la instalación de los sanatorios, los lugares de reposo. En cambio, ahora tenemos un conflicto político, fuera del conflicto médico -dice.

Premio Nacional de Ciencias, Maturana (1928) suele decir que se salvó gracias a la salud pública. Ahora lamenta que la crisis de salud esté atravesada, además, por un ánimo de confrontación. “Me sorprende que nos encontremos en un conflicto político, que estemos todavía centrados en la lógica gobierno y oposición, cuando es tarea de todos lo que hay que hacer para evitar que la pandemia sea efectivamente un desastre tremendo como lo fue en otras épocas de la humanidad”, afirma.

En sus estudios de Medicina y luego en su tarea de profesor en la Universidad de Chile, Maturana reconoce otros dos momentos reflexivos fundamentales, en los que fue buscando respuestas a la pregunta ¿qué es el vivir? El último de esos momentos lo fija en su encuentro con Ximena Dávila, en 1997, con quien fundó la escuela Matríztica y desarrolló el concepto de biología cultural.

Hoy Humberto Maturana y Ximena Dávila proponen una Revolución reflexiva, título de su nuevo libro, nacido en los últimos meses. “Antes de la pandemia vivíamos insensibles, ciegos a muchas cosas”, escriben. Entre ellas, enumeran las relaciones con los demás, la importancia de los lazos familiares, el consumismo y el cuidado del entorno.

Al igual que en la epidemia de tuberculosis, el coronavirus visibilizó otros males del país: “Nos mostró una pobreza que muchos creíamos que ya no existía. Pero la pobreza, en donde no existen las condiciones para vivir en bien-estar, estuvo siempre ahí, frente a nuestros ojos”, anotan. “Es hija de nuestra insensibilidad y ceguera”.

Autores de Historia de nuestro vivir cotidiano, los directores de Matríztica proponen un cambio hacia un modo de vivir más colaborativo. “¿Es necesaria una revolución?”, se preguntan. “Nosotros creemos que sí, pero una sin armas, o solo con dos: la reflexión y la conversación”.

El año pasado, al inicio de la pandemia en Chile, decían que esperaban que la crisis de salud fuera una oportunidad para colaborar. ¿Ha sido más difícil de lo que esperaban?

Ximena Dávila (XD): Cuando el doctor Humberto vivió la tuberculosis, éramos menos como población; la psiquis de entonces era distinta a la psiquis de hoy, era la psiquis del vecino, del colaborar, vecina qué necesita, los niños salían a jugar a la calle. La colaboración era espontánea, era el espíritu de la vecindad. En el liceo yo aprendí educación cívica, y sabía que pertenecía a una comunidad, había un sentido de ciudadanía que se perdió. La psiquis de hoy es individualista, competitiva, del éxito. Esta pandemia nos pilla ahí, nos muestra dónde estamos.

¿Qué nos reveló la pandemia?

XD: Develó nuestras carencias, nuestros talones de Aquiles.

HM: El talón de Chile, claro, nos reveló nuestro talón de Chile, que somos vulnerables en la falta de conciencia, de tomar en serio nuestra pertenencia social, de que somos una comunidad de convivencia y nos metemos en la deshonestidad.

Ustedes dicen en el libro que Chile está afectado por otro virus: el virus de la violencia. ¿Se relaciona con la psiquis individualista que mencionan?

HM: Es la psiquis del poder, es una psiquis de lucha competitiva oportunista, no es una mirada a la calidad del hacer, sino a la oportunidad, y con esa mirada a la oportunidad viene la deshonestidad. Porque es cierto que uno debe tener una conducta oportuna, pero en una competencia la oportunidad es negar al otro, y es un oportunismo ciego, porque no se preocupa por el otro. En eso estamos inmersos.

XD: Competir es querer ganar a toda costa, y la violencia nace de eso, me abro espacio y le pongo el codo al otro. La violencia se ha instalado como una manera de enfrentar los conflictos, ya no es la palabra, el discurso, es como si la violencia fuera el argumento, y la violencia no puede admitirse en ningún espacio. La violencia trae más violencia. A mí me pasma esto de aplaudir la violencia. Somos seres humanos y nos diferenciamos de los animales porque surgimos en el lenguaje y tenemos la condición fundamental que es la capacidad de reflexionar. Los dictadores usan la violencia para someter al pueblo, pero la violencia no es amiga de la democracia ni de la colaboración.

En el libro postulan que la democracia es más que un sistema político, ¿es un modo de vivir?

HM: La democracia es un modo de convivir que se funda en el mutuo respeto y el deseo de estar juntos haciendo lo que se hace en la colaboración. Si no queremos estar juntos, si no nos respetamos, no va a haber democracia bajo ninguna circunstancia; desde el momento en que vivimos en democracia elegimos vivir en la honestidad, el mutuo respeto y va a surgir la colaboración. En cambio, nosotros estamos compitiendo, gobierno y oposición, estamos en ese juego que es siempre agresión recíproca. La democracia no cabe, porque no conversamos, no reflexionamos. Si pienso que un determinado curso que sigue un grupo, supongamos el gobierno, no es adecuado, no debo funcionar en términos de oposición, sino de colaboración, y conversar y reflexionar.

Ustedes plantean desapegarnos de ideologías, pero las ideologías representan los principios a los que las personas adhieren.

HM: Un problema no se va a resolver desde la ideología, porque la ideología es un dogmatismo siempre: estos son mis principios y por lo tanto no se pueden tocar. Entonces no escucho al otro, porque pienso que está violando mis principios, y lo que se requiere es que queramos vivir en la honestidad. Yo insisto, aunque parezca loco, la honestidad es no hacernos trampas, es estar dispuestos a reflexionar cuando hay dificultad, y si tenemos opiniones distintas no creernos dueños de la verdad y reflexionar en conjunto sobre lo que vamos a hacer. Por eso queremos una revolución reflexiva, tenemos que reflexionar en todas las circunstancias en que hay desacuerdo, y si queremos convivir siempre podremos llegar a un acuerdo.

 

Fuente (La Tercera)


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